miércoles, 4 de septiembre de 2013

Metro Madrid. De O'Donell a Sol

Este es un blog de historias humanas, historias de viajes, de anécdotas anónimas de emociones profundas. No pretende ser un sitio de información turística o datos históricos, para los cuales abunda la bibliografía. Si no más bien, compartir emociones propias y ajenas de mi trabajo como coordinadora de grupo.Volver a Madrid después de trece años no es poco. Madrid es un sitio adorable, exceptuando por las temperaturas veraniegas que en lo personal me fastidian en todos lados. Esta mañana salimos con un par  de señoras decididas a tomar el metro.[1] La noche anterior me había ofrecido acompañarlas hasta la estación Sol, donde cada una tomaría rumbos diferentes para aprovechar su día libre.
Mientras empezamos a bajar decididas a comprar los billetes, fue una diversión escuchar los comentarios, que para algunas era toda una nueva experiencia. Enfrentamos las máquinas expendedoras y ya con boleto en mano, seguimos en la búsqueda del andén correspondiente. Es obvio que cuando hay muchas mujeres juntas se arranca para el lado opuesto. Pero entre risas y comentarios “por acá … no para el otro lado” nos embarcamos en el tren correcto.
Durante el viaje, todas estábamos absortas mirando nuestro alrededor, los mendigo infaltables de cada ciudad, el plano de las estaciones en el interior del tren y el alta voz anunciando la próxima parada.
Una de mis chicas al final del discurso de un mendigo le dice: “no tenemos monedas,” y el hombre ni lerdo ni perezoso le responde: “se aceptan billetes.” Todas soltamos la risa y llegamos a la conclusión que tenemos excusas más que suficientes para pedir una moneda, ya que aquí alegan la crisis europea.
Cuando estábamos en Sol, caminos en dirección a La Plaza Mayor, otra de mis chicas buscaba encontrar una plaza al mejor estilo parque, verde y con árboles. Nuevo motivo para reírnos. Cuando llegamos allí, les conté mi historia con la plaza, historia de setiembre de trece años atrás. Historia que aun me emociona, historia que todas escucharon y suspiraron. Entramos por el mismo arco que ingresé hace tiempo, el de la Calle de la Sal y nos sentamos en la misma farola. Allí nos tomamos una foto y las dejé libre para seguir cada una con sus expectativas del día.

Cuando uno viaja, los sitios comienzan a parecerse. El arte, la arquitectura puede cambiar de romano, godo, visigodo, gótico, renacentista o medieval. De todo lo que los guías explican, a las personas les queda un diez por ciento, por ser generosa con el porcentaje. Pero las experiencias mínimas y vivir la urbanidad, la cotidianeidad de una ciudad hace la diferencia. Mis chicas no se van a olvidar que anduvimos en el metro de Madrid.












[1] Sistema de transporte subeterráneo.

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